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Terra
La Coctelera

Esto es una locura mía

Lo Que No Se Dice

El color de tus orejas es embriagador.
Ese azul violeta en las entrañas de tu papel;
higiénico, absorvente, cremoso.

Caballos de terciopelo,
alfombras de marfil,
que alumbran los caminos de las cigueñas preñadas.
Los cimientos de tu boca son la base del Rockefeller Center.

Las agujas que salen de tus dedos,
acarician el forro del pantalón de piedra,
que camina solo,
vagante.
Como los poemas de Neruda
que se queman en los pupitres de los cuñados de mi abuela.

Las chancletas que pisan.
Las zetas que terminan en eses.

Los diamantes de los abanicos rosados son hechos de elefantes marinos
que cabalgan en la ducha;
en la bañera.

Es ese acto de imprimir,
de tocar el cuerno de un unicornio que expande sus alas.

De la margarita "frozen"
que sale del horno de piedra
donde se cocinan las aves,
donde los marineros leían
el libro marcado con la cola de sirena.

Abuela!
Tío de la esclava,
de la vieja,
de la imprudente que come ramen
y se le caen los dientes.
Le sale espuma rabiosa de sus labios
como en aquel libro viejo del polvo
de la amarga fuente de esperma
que corre por los valles del travesti ejecutivo.

Y una caca me calló en la cabeza.
Me dio.
Fue una paloma pervertida
que miraba como puta amarrada a un árbol
los sentimientos de la perra en celo.

Las vísceras de la larva que se arrastra.
Los mojones de un caracol con churras.
Eso es lo que siento.
Eso es lo que se quiere decir.

Cuando en el techo de la mesa
se siembran idiotas sirviendo gorgojos frescos,
lavando la barba de una cabra
y temiéndole al agua de la mamá del nene.

Cuando miras,
sí,
hacia allá,
ese es el momento de la despedida despues del recreo de la escuela.
Un minuto de silencio por los coquíes.
Un minuto de silencio por las vírgenes putas demacradas.
Un minuto de silencio por las ayudas del "welfare".
Un minuto de silencio por el sinónimo de bestia,
por el vacío del vaso de Adán
y la culebra que tiene entre las patas.

Las monjas de los monjes,
las secretarias de los secretarios,
el murciélago del pelo de Chaka Khan.

Jurutungo.
Jíbaro del monte Bilbao Vizcaya,
sínsoras de la minuta escrita por el tufo de la torre.

Es el misterio de los ojos de la vaca cagona.
Lo que encierran.

El respiro de las fogatas,
el murmullo de las siluetas de Platón,
las babas del comején
que en su cuero cabelludo
entrelazaban sus piernas en el fondo del mar.
Así es mi canción.

Dakishimete.
Wasurenai kara.
Como dice el japonés loco,
inmundo y antinatura.
Cuando abre la boca
le salen moscas apestosas a sidra
de la vieja casa de los Roig.

Los mimes bailan entre las flores de los cerdos.
El río sigue.
Las ramas se van secando en el trayecto de las olimpiadas.

|Viva la China!

|Y la toronja también!

Lo agrio se mezcla con lo dulce
y allí está todo.
Nada...

The End.

Qué?

Uno a veces no se da cuenta de quienes son tus amistades reales hasta que sucede algo que lo pone en primera plana. Sucede que con la vida no se juega, pero cuando es un accidente, algo que nadie nada más que Dios y la naturaleza así lo dictan entonces se convierte en algo que uno no puede controlar. Pero coño, si yo te veo en problemas y eres mi amigo de verdad y te amo y te quiero como amigo y hermano, algo voy a hacer para ayudarte. No te voy a dejar morir. (Que mal tema para mi primer blog, no?) Pero hay gente en el mundo que dice quererte mucho y luego cuando necesitas de verdad que esa persona esté ahí para tí te da la espalda. Yo no podría, ni puedo, hacer eso. Con la vida no se juega.